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Daguerrotipo de Phineas Gage

Encontrar la imagen de alguien al que hasta ahora no habíamos puesto rostro es siempre emocionante. Pero si se trata del rostro de Phineas Gage, el personaje que ha fascinado durante años a los neurocientíficos de todo el mundo, la dimensión del hallazgo va mucho más allá.Una pareja de fotógrafos de Massachusetts ha descubierto en su casa un daguerrotipo con la única imagen conocida de este trabajador de ferrocarriles estadounidense cuyo cerebro fue atravesado de parte a parte por una barra de acero en 1848. Lo interesante del caso, y lo que le convirtió en parte de la historia médica, es que Phineas siguió viviendo con el lóbulo frontal hecho trizas y experimentó un fuerte cambio de personalidad.
Por primera vez se tenían pruebas palpables de que un área determinada del cerebro controlaba determinados rasgos, como la amabilidad o la impaciencia.
Desde mediados del siglo XIX, el daguerrotipo ha pasado de mano en mano hasta llegar a Jack y Beverly Wilgus. Esta pareja lo ha tenido en su casa durante 30 años pensando que se trataba de un ballenero con un arpón en la mano. Por casualidad, un experto anónimo echó un vistazo a la foto y les aseguró que se trataba del célebre Phineas Gage y que lo que sujeta en la mano no es un arpón, sino la barra de acero que le atravesó la cabeza.Intrigados, los Wilgus acudieron a Escuela Médica de Harvard, donde se conserva un molde de la cara de Gage y comprobaron que los rasgos coincidían punto por punto con los del hombre de la imagen. También comprobaron que la barra de acero que aparece en el daguerrotipo es idéntica a la que aún se conserva en el museo. El hallazgo es tan interesante para el mundo de la neurociencia que será publicado la próxima semana en The Journal of the History of the Neurosciences y ya se extiende como un reguero de pólvora por la red.

Se llamaba Henry Molaison

Después de todo este tiempo, descubrimos su nombre completo y su aspecto de oficinista bonachón. El paciente H.M., como se le denominó para preservar su identidad, pasó los últimos 50 años de su vida recluido en un centro médico de Connecticut, donde decenas de especialistas acudían esporádicamente a conocer su caso. El paciente H.M perdió su hipocampo cuando tenía 20 años, después de una operación que debía curarle la epilepsia y que le dejó sin memoria a corto plazo. Después de aquello, como dice la nota de The New York Times, “apenas podía retener sus recuerdos en la cabeza durante más de 20 segundos”. A veces, cuando uno de los doctores salía de su habitación y volvía al cabo de un rato, el paciente comenzaba la conversación como si nada hubiera ocurrido. Se llamaba Henry Gustav Molaison y murió el martes a las 5 de la madrugada en su habitación por un fallo respiratorio. Tenía 82 años. Esa misma noche, los médicos pasaron horas escaneando su cerebro.
El paciente H.M. permanecía recluido en una habitación de Hartford, Connecticut, desde finales de los años 50. Su caso ha contribuido enormemente a la investigación sobre la memoria, dada su incapacidad para generar nuevos recuerdos. Si una persona entra en su habitación, H.M. habla con él y adquiere cierta confianza, pero si sale y vuelve a entrar al cabo de unos segundos, el paciente le hablará como si nunca le hubiera visto antes. Debido a su incapacidad para recordar lo que acaba de suceder, el paciente H.M. ha pasado años haciendo el mismo rompecabezas, día tras día, y leyendo las mismas revistas sin que sus contenidos le resulten familiares. H.M. vive enteramente con recuerdos a corto plazo de unos pocos segundos de duración y olvida al instante lo que acaba de ocurrir. A veces, mientras realizaba las pruebas neuropsicológicas, el paciente atisbaba durante un instante lo que le estaba sucediendo: “Es como el despertar de un sueño – explicaba - simplemente no recuerdo”.Su incapacidad llega hasta tal punto que no reconoce a ninguna de las personas que se han interesado por él después de la operación y que le visitan regularmente. No ha aprendido sus nombres ni reconocería a ninguno de ellos si se los encontrara por la calle. Cuando le informaron de la muerte de su tío, al que se hallaba muy apegado, se puso muy mal, aunque enseguida pareció olvidar todo el asunto y más adelante preguntaba, de vez en cuando, si iba a venir a visitarle.La causa de su dolencia está en la operación para curar su epilepsia a la que le sometieron cuando tenía 20 años. En la intervención se le extrajo buena parte del hipocampo, una zona del lóbulo temporal directamente implicada en la creación de nuevos recuerdos y una de las primeras áreas que sufre daños en los pacientes de Alzheimer. Después de la operación, H.M. conservó intactos todos sus recuerdos anteriores, pero todo lo vivido desde entonces no ha quedado registrado en su cerebro. Hoy día, 40 años después, H.M. seguía creyendo que tenía 20 años. Cuando se le enseñaba una fotografía de sí mismo en la actualidad, el paciente no se reconocía.